domingo, 28 de octubre de 2007

Habemus presidenta

La apatía y una mezcla de resignación ante la falta de debates, la imposición no de una candidata sino de la "posible" futura presidenta del país sin haberse emitido el primer voto y la oposición perdida en sus laberintos de imposibilidades, van dejando paso a los resultados definitivos. Las urnas van mostrando que en su interior está el caudal de votos que consagran a la candidata Cristina Fernández de Kirchner, sin ballotage, como la primera presidenta de la Argentina en ser elegida por voto directo. No la vote (estoy fuera del país por un tema personal) y si hubiera estado no lo hubiera hecho. Mi voto para presidente se debatía entre Lavagna y el voto en blanco. Cristina Fernández es una política de raza. Una militante de excelente oratoria (en sí misma y no en comparación con la rústica y torpe que tiene su marido) es una mujer de carácter y con ideas y que no está en la política para un papel menor o de prestado y es una buena candidata. De hecho Cristina Fernández era más conocida que su marido para el electorado nacional gracias a sus intervenciones en el Congreso de la nación. Aún con todo esto, no la hubiera votado y estoy convencido de que hará un buen gobierno. Las razones de mi no voto son otras:

1- Cristina Fernández en ningún momento se desmarcó, ni expreso su desagrado, ni criticó el hecho de que el ex Teniente Aldo Rico, militar golpista, fascista y en las antípodas de todo pensamiento democrático, apoyara su candidatura.

2- Tampoco expresó la más mínima crítica al hecho de que su candidatura fuera apoyada por un sin fin de otros candidatos en una especie de Ley de lemas en cubierta en una nada democrática jugada política. Es decir dejó hacer algo que la beneficiaba pero que no era del todo limpio

3- No aceptó debatir nada con nadie y sólo a último momento aceptó someterse a algunas preguntas de la prensa

4- La recurrente utilización de la televisión pública para mostrar muchas veces en directo los discursos que daba en campaña

Datos que no son menores a la hora de construir (o reconstruir) la calidad de la democracia argentina. Si desde el inicio no hay un mínimo de voluntad de cambiar aspectos que no son menores en la formación del capital político, no se puede esperar mucho más cuando esté en la presidencia.

Igual el triunfo de una mujer es un hito histórico para la política Argentina y el sólo hecho de que así sea es un cambio. Será diferente y mejor el país de ahora en más aunque siga la misma política económica y demás lineamientos que no heredará de su marido. Decir que los heredará sería disminuir la importancia política de Cristina Fernández; ella fue participe y constructora de las políticas de estado que ejecutó desde el gobierno Néstor Kirchner. Lo que Cristina Fernández heredará (¿será la primera vez en la historia que una presidenta no le hecha la culpa de todo al anterior presidente?) son datos de una realidad en contraste:

• El 26% de la población, 14 millones de personas, viven en la pobreza y la indigencia

• La inflación según datos oficiales llega al 10% pero según datos privados estaría
por arriba del 20%. La inflación golpea siempre con mayor dureza al poder adquisitivo de los que menos tienen condenándolos a un eterno descenso en los niveles de pobreza.

• Las reservas internacionales llegan a los 44 mil millones de u$s

• La economía tuvo en los cuatro años de gobierno de Néstor Kirchner una tasa
de crecimiento promedio del 7.6%

• El desempleo bajó por primera vez en varias décadas por debajo del 10% ubicándose, según cifras dadas a conocer por el gobierno en mayo de este año, en el 9,8%

• Un superávit fiscal y primario de un promedio del 3% y que en los primeros 9 meses de este año tiene acumulado un ahorro del 19,6% en comparación con el 2006 y el 27,3% sobre lo programado para este periódico según el Ministerio de Economía

• Una situación económica inmejorable para la Argentina a nivel internacional con los precios de los productos básicos (commodities) en alza.

En lo económico el modelo denominado productivo, industrial y desarrollista según como le gusta definirlo al presidente argentino, deja también un creciente déficit comercial con Brasil y una hasta ahora imparable denacinonalización de importantes sectores de la economía nacional (frigoríficos principalmente) a manos de capitales extranjeros en su mayoría de Brasil; que aprovechan la baja valuación de los activos argentinos gracias a la devaluación y la posibilidad de exportar productos de calidad reconocida en el mundo (como la carne donde aprovechan importantes porciones de la cuota Hilton que es la más alta asignada a un país latinoamericano) con un dólar muy competitivo con costos de producción relativamente bajos.

La presidenta electa ha establecido en plena campaña lo que parecerían ser los ejes de su mandato: lograr un acuerdo al estilo del Pacto de la Mocloa, mantener el actual modelo económico pero con correcciones, seguir un modelo capitalista de acumulación con inclusión social, según la definición dada por Cristina Fernández, y la búsqueda de una mayor inversión extranjera.

Algunas de esas correcciones son prometedoras sobre todo en lo que respecta a subsidios.
Con todo el problema (y desafío de fondo) de Argentina no es a esta altura la economía, que administrada con prudencia, equilibrio y haciendo los retoques necesarios no debería tener mayores contratiempos aunque la inflación este asomando sus dientes, sino que está en la política y su vinculación con los ciudadanos y el fortalecimiento de las instituciones a todo nivel, en el rescate del debate de políticas públicas, en la construcción de una idea de país a largo plazo y en la vinculación que este tendrá con el mundo y los diferentes bloques comerciales, el fortalecimiento del Mercosur y el debate sobre como se ingresa o no al ALCA. Cristina Fernández lo ha dicho, tenemos que pensar el país en el largo y tener un plan estratégico, el resto de los debates a los que se les quiere imprimir la etiqueta de urgente y necesario son cortinas de humo.