viernes, 14 de octubre de 2011

Publicidad tipográfica

/// Tal vez se haya convertido en una tendencia o no. El tal vez es por que no estoy tan pendiente de esto el último tiempo como para hacer una afirmarcíon rotunda, pero si percibo un mayor protagonismo de la tipografía en la publicidad. Bienvenida sea.

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lunes, 10 de octubre de 2011

Tilingos

“Es de una idiotez disimulada y hasta suele lograr fama de talentoso, de elocuente, de cortés, de crítico literario y musical, con el inconveniente de que el músico lo alaba como poeta y el mundano como probo.”



Hay palabras que me gustan por su sonido. Por su fuerza conceptual que por más que la Real Acedemia haya valdidado sinónimos, son palabras que por su potencia no los admiten. Letal es una palabra que me encanta y que no logré nunca reemplazar por un sinónimo preciso, cualquiera puesto en su reeemplazo no suena igual, no es letal. Tilingo es otra, sustituirla me resulta imposible. Reemplazarla por fatuo es un atentado estético de pésimo gusto además. Antes que mentecato prefiero necio, que tiene más fuerza y es más directo. Ensayar alguna explicación de tilingo como poco inteligente no alcanza por la desinfección conceptual que propone. El lunfardo tiene palabras maravillosas. Tilngo es una de ellas, balurdo o palurdo son otras y creo que es evidente que tilingo no se puede reemplazar por alguna palabra más castellana. Claro, debo asumir que es una limitación propia tal vez producto de mi ignorancia infinita del lenguaje más que de cuaquier otra cosa. Y la verdad que me gusta decir tilingo, es una palabra que se me antoja muy tanguera, tiene hasta música. Swing.

Y esto viene a cuento por que es recurrente, cansador leer, ver y oír en los medios argentos (me encanta decir argento, en lugar de argentino) irradiar esa cultura tilinga donde se repite una y otra vez el mismo discurso de los sabelotodo. Esa cultura sofista, de medias verdades o de mentiras insostenibles edificadas como sacrasontas, terminales, verdaderas pero sin posibilidad de discusión alguna que aporte algún matiz con un poco más de sustento y que casi siempre rematan con el abominable pensamiento único y dictatorial de,  esto es así y punto. Vaya argumentación tan basta.

El pensamiento tilingo mediatizado tiene una expresión devastadora (otra palabra que me encanta) y es la de propagar, masificar y legitimar la ignorancia en la peor de sus facetas: hacer que la propia tilingería, que no es más que un rasgo de la propia ignorancia, se edifique como una verdad absoluta y se enquiste en la ignoracia de los demás que, creyéndose ese discurso, sobre todo los más despistados como la mayoría de los mortales, y que con total honestidad luego repiten esas tiligerías sin ningún filtro de duda, conviertiéndolas en un supuesto saber de gran arraigo social y de supuesto valor compartido. Lo peor es que de ese círculo es muy difícil salir, por que es cansador ir contra esa corriente formada en el (sin) sentido común asumido como valor supremo de verdad auto revelada gracias a los opinadetodo autoedificados en oráculos de los pueblos. Ante esto y sin socializar la ignorancia, todos podemos ser tilingos en algún momento y quien esto escribe, el primero.

Volviendo al eje de este texto aburrido y sin mucho sentido como la mayoría de los publicados en ésta bitacora, la tiliguería en cuestión, y que me empuja a escribir, es la recurrente masificación de la idea premoldeada y pétrea de que todo lo que pasa en Argentina desde la germinación de un poroto, pasando por un robo callejero, siguiendo por cualquier medida económica, buena o mala da lo mismo, es de por si una característica de que sólo ocurre en las pampas y que por defecto es malo, y que si ocurre lo mismo en cualquier lugar del mundo es por definición bueno menos en Argentina donde todo, por definición, lo hemos hecho mal, es decir que el mundo se divide, según la definición tilinga, entre la humanidad y los argentinos, en donde además siempre estamos en el peor lugar y somos, por supuesto, impresentables. No es mi intención elimnar toda autocrítica al ser nacional pero si evitar el pensamiento tilingo opuesto, el de la supuesta superioridad argenta, ni mucho menos me interesa la corriente media de la tilinguería, la del punto medio del pensamiento común que postula ni buenos ni malos, por que en relidad todo el mundo lo es, no aporta nada ese ubicación media. No creo ni abono la idea de la argentinidad al palo (ese tema de la Versuit nunca me gustó, o no lo entendí). Pero creerse de que por definición todo esta mal en Argentina, de que todo lo hacemos mal, ni de vaina. O en todo caso prefiero volver a la duda original: sólo se que no se nada y ni aún de eso estoy seguro.

Creo que es imprescindible empezar a desarmar ese pensamiento tilingo tan común y el cual es difícil de discernir, sobre todo cuando las medias verdades o mentiras se hacen supremas y donde la tilinguería es un arquetipo o un estereotipo impostado. Después de todo, y mal que le pese a la corriente menospreciativa de la tilinguería vernácula blanca mayoritariamente porteña, lo que le pasa a la humanidad le pasa a los argentinos, es decir la miseria, la riqueza, soberbia, la arrogancia (por nombrar alguna característica al azar), la infalibilidad o la imprevisibildiad son características generales de la humanidad total y no de una parte del globo o de una supuesta excepción insostenible por su ridiculez. Lo curioso del caso es que para esta corriente de pensamiento tilingo hay valores insostenibles como que los suizos son todos puntuales, los inglees son todos bien educaditos y siempre cumplidores con las reglas, que todos los alemanas son disciplinados, que todos los españoles trabajadores o que todos los americanos del norte son muy prácticos. Insostenible y falso. Más allá de que cada pueblo tenga idiosincracias que acrecientan en más o en menos ciertas características, en ningún caso es una verdad totalizadora y de absoluta inefabilidad y que por otro lado son siempre atributos todos "positivos" y que ups, por arte de magia, cambian cuando se habla de los argentinos y ni que hablar cuando esta corriente tilinga habla de los vecinos de América que viven de Usuhaia a Tijuana y que sin pudor y disimulo xenófobo desparraman todo tipo de adjetivos insostenibles, aunque, es justo admitirlo, la tilinguería argenta ha empezado a tener cierta "misericordia" con algunos vecinos más cercanos como Uruguay, Chile o el imperio del Brasil.

Lo más curioso es una caractéristica estructurante del pensamiento tilingo y es la posición de hablar de Argentina desde un pedestal de no lugar, es decir el tilingo habla como si fuera neozelandés, nacido en las islas Fidji o en la insondable Monngolia asiática y por supuesto que desde ese no lugar los argentinos pasamos a ser esos otros, barbaros, lejanos y siempre al borde de la subnormailidad. Lo rídiculo del caso es que nacieron en la misma pampa argenta y no se enteran que, aquello que ¿critican? los abarca e incluye en forma insoslayable, pero claro el tilingo, tilingo es y no se entera.

domingo, 9 de octubre de 2011

La muerte y la admiración

La muerte es jodida. O al menos algunas muertes que se construyen. Entre otras cosas tienen un poder transformador en las palabras que los otros desparraman con generosidad y que jamás, al menos no hay evidencia de lo contrario, podremos leer o escuchar. La muerte nos convierte en algo que tal vez nunca fuimos, o peor aún, en lo que no quisimos ser y de lo cual ya no podemos defendernos de ese mameluco que nos pusieron de impronta. La muerte nos santifica, no sólo nos mitifica. O al menos en algunos casos. La muerte es una gran postal terminal de esa imagen que se edifica póstuma y con ansias de inmortalidad congelada de un pasado proyectado al futuro. Si, la muerte es jodida por que no todos los muertos son iguales. No todos los idolos o los iconos son iguales. No todos los héroes, anónimos o populares, son iguales. Y esta bien, no todos tenemos por que ser iguales por más que la muerte sea una gran igualadora donde no hay primera o segunda clase, ni pase de ascenso o membresía de la nada. Es obvio decirlo, siempre admire a Steve Jobs. Si usted se toma el trabajo de buscar en esta bitácora encontrará varias entradas sobre él. Igual las muertes mediatizadas siempre me aburrieron en su previsibilidad. Nunca me interesó sumarme a esa necrofilia socializada donde todo pierde matiz, donde la hipérbole domina esas construcciones de sentidos. O de sin sentidos. Tampoco celebré o celebro la muerte de nadie. Ni la de un gran hijo de mil puta (perdone usted mi francés) llamado Pinochet o la que tendrá cualquier dictador que ande por ahí.

Igual y con todo lo dicho, la partida de Steve Jobs me llevó a escribir estas palabras.
Hoy todo lo que se hable de él pierde perspectiva matizada y sepulta lo concreto y nutritivo que tiene la vida de un personaje singular por más que la muerte humanice al mito que se construye. La muerte es testaruda, además. Y a veces esas construcciones saben más a segunda muerte que a primera mitología. Paradojas de la vida que se cuenta después de la muerte. Palabras siempre engoladas por más que sean de molde, palabras siempre empalagosas, muchas veces falsas casi siempre olvidables.

Entre, al igual que millones de personas, al mundo de las computadoras comprándome mi primera Mac usada. La gloriosa SI. Creo que sigue siendo la Mac más cara del mundo y que compré en mi vida. Hay ladrones en todas las ocasiones. Entre al mundo de la autoedición y nunca más salí de el mundo Mac, ni quiero, ni me interesa. No he usado nunca otra computadora que no sea Mac en mi vida. ¿Fanatismo? Tal vez, lo real, y creo que al igual que muchos usuarios de Apple, es que jamás tome un curso de nada, sólo fue prenderla y empezar a usarla, con la intuición como único manual. No se necesitaba ni se necesita nada más. Es casi como la vida misma, uno aprende caminando a caminar. Además para alguien con poca paciencia por lo académico como quién esto escribe y que prefiere el invisible aprendizaje autodidacta, las Mac fueron y son perfectas. En aquella SI mi hijo mayor a los dos años, hoy tiene 16, un día agarró el mouse y en el Photoshop que estaba abierto hizo un garabato. Como si supiera cuando aún apenas balbuscaba unos sonidos con pretensiones de ser palabras. Aún creo que guardo ese dibujo en un archivo ya de museo en un disco rígido.

Pero mi admiración por Steve Jobs no es tanto por los productos que inventó con su equipo. Apple, al igual que cualquier empresa o institución, es lo que es por sus recursos humanos, si en ellas trabaja gente creativa, será una empresa creativa y si trabaja gente ineficiente, será ineficiente. Decía que mi admiración por Steve Jobs es por ese empecinamiento, ese caerse y levantarse, por esa constante búsqueda de una idea, de un concepto sin detenerse a pensar en los riesgos. O al menos es lo que me transmitía él o es la imagen autoconstruí de él. Tal vez la más comoda, tal vez la más ingenua o el ícono más estereotipado. Puede ser, no lo se, y poco me interesa saberlo. La innovación que Steve Jobs logró con Apple es hija de una sucesiva cadena de fracasos, de intentos fallidos y de ir una y otra vez hacia adelante y asumidos como parte del camino y aprendizaje. No como los determinantes del camino. Y esta es el mayor aporte nutritivo que puedo sacar de su leyenda. Tal vez si yo fuera un corredor de bolsa con seguridad quebraría con frecuencia por que mi aversión al riesgo es baja o eso pienso, lo cual siempre es muy adormecedor y tranquilizador. Pienso que el riesgo está en función de las circunstancias y de los objetivos, no es, o debería ser, nunca una barrera de imposibilidad preexistente. si hubiera evaluado los riesgo de comprar a un precio de robo a mano armada con premeditación y alevosía mi primera Mac SI usada, hoy tal vez estaría usando otra computadora y me hubiera dedicado vaya uno a saber en que menesteres y con seguridad usted no estaría leyendo este soporífero texto.

Steve Jobs no cambió el mundo en aquello que realmente hay que cambiarlo, sigue habiendo hambre, miseria, dictaduras, monopolios, fraudes, injusticias, violaciones a los derechos humanos de todo tipo y color, discriminación, y sigue la lista. Nada de todo esto cambió con la invención de la Mac, el iPhone o el iPad. Tal vez sería pedirle demasiado a esos productos y a su inventor por que en realidad es una tarea de todos, no de uno solo. Pero lo que si Steve Jobs cambió, y para siempre, es la forma en que usamos las computadoras y nos comunicamos pero no sólo él, sino que sin Apple, estoy convencido de que tal vez no hubieran existido Google, Facebook, Skype, Twitter y miles de otras empresa que innovaron y modificaron el mapa de la comunicación para siempre. América, de sur a norte, sobre todo de México a Argentina, necesita miles y miles de Steve Jobs, tal vez los tengamos, tal vez haya que ir a buscarlos o descubrirlos o construirlos.

Otra voces:
• El día en que Steve Jobs ha muerto | otramerica.com
• The Dark Side of Steve Jobs's Dream | ecocentric.blogs.time.com