viernes, 27 de enero de 2012

El chico de la tapa y un enredo personal

Ayer tuve un impluso de escribir y que después es evidente que reprimi distrayéndome con otras cosas. Aquel impulso brotó al ver la portada de la ediciones Europea, asiática y del Pacífico que Time le dedicaban a Messi, si, el mejor jugador del mundo. Argentino y santafesino, orgullo doble para quien esto escribe también oriundo de esas tierras. Tal vez la distracción fue por que me enredé en pensar - Joder, que increíble, aún seguimos discutiendo, en Argentina, si es o no el mejor, ¿Hay que seguir con ese supuesto "debate"? y seguí enredándome conmigo mismo - Joder, si al parecer el resto del mundo no tiene dudas de que es el mejor, tal vez lo mejor sería decir, que lindo que Messi sea argento y que juega con la celeste y blanca además de con la del Barça.

Al final en mi enrredo y ante la obiedad de que no había novedad: es el mejor jugador del mundo pensé, para qué tanto enredo inútil. Lo que es, es y lo que ocurre es lo único que puede ocurrir en un país que olvida muy rápido las tremendas cagadas que cometemos como sociedad y que tal vez nos lleve a discutir si es o no el sol es amarillo o la luna redonda y tal vez para eludir aquella defecación original alargamos los debates inútiles. Un deporte argento y muy popular. Y hoy una intelectual, que no es santa de mi devoción ni de mi admiración, ni comparto su visión de la Argentina, ofrece un texto de lo más lúcido, ácido y enfocado que me saca del enredo mental en el que, a decir verdad, casi siempre estoy. Destaco un párrafo, pero el artículo de Batriz Sarlo publicado en lanacion.com vale hasta la última linea.

"En abril de 1982, el país consumía el alucinógeno del patriotismo despótico, cuya visión era "Ya ganamos", en la que se mezclaban la bravata y el desconocimiento. Celebrityland estaba a sus anchas. Después de años de entonar el estribillo de la dictadura -"los argentinos somos derechos y humanos"-, muchos "famosos" (periodistas incluidos) se emocionaban por una causa buena. En las kermeses televisivas se donaban joyas para la gran guerra en la que "nuestro ejército" (el mismo que había exterminado a miles) se cubría de gloria en el Atlántico Sur. Alrededor del Obelisco, pacíficas mujeres tejían para los soldados. En las escuelas, los chicos escribían conmovedoras cartitas, destinadas a los paquetes de provisiones y de regalos (muchos de esos paquetes se encontraron luego en la reventa). En Plaza de Mayo, Galtieri, rodeado de una multitud, se entregaba con desparpajo a la exaltación del machismo belicista. Fue una borrachera: "Si quieren venir que vengan -dijo-, les presentaremos batalla". Parecía una novela latinoamericana de dictadores. Aunque, si pensamos en la literatura, fue la novela de Fogwill, Los pichiciegos , la que dio la versión más realista de la guerra. Para leer hoy en el colegio secundario"