lunes, 10 de septiembre de 2012

Escribir, cada tanto

Cada tanto me da por escribir. Cada tanto. No se por qué me cuesta ponerme a escribir. Me cuesta arrancar, seguir, lidiar con eso que se llama palabras y que, según las normas, hay que ordenar para que otro lo entienda. No me cuesta escribir; el acto mismo de tirar las palabras por el aire y ver que sale me es natural pero ponerme a jugar es lo que me cuesta. Pereza le dicen algunos. Creo que es más preciso señalar algún tipo de miedo que se esconde detrás de esa senación de que después de jugar ¿qué? ¿Será que el resultado valió la pena? Si me aburre a mi, imaginate a otro. Y supersticiones por el estilo. No necesito nada especial o extra para escribir. En fin, es raro. Imagino que sería fantástico que se inventara una especie de microchip o tarjeta intercambiable que no sólo me permitiera escribir en cualquier momento en que aquel miedo o pereza se hace presente, sino hacerlo en por ejemplo, chino cantonés, búlgaro, quéchua o guaraní, sin mucho más trabajo que el cambiar una tarjeta o chip por otro. Cada vez que vuelvo a escribir a esta bitácora es diferente. Me movilizan cosas distintas en cada retorno.Y esta indefinición de inicio es lo que define, de algún modo, cada final que nunca se concreta del todo y que por eso me permite esta especie de eterno retorno interminable. Escribir, cada tanto, es la tarea.