martes, 2 de octubre de 2012

Un texto tal vez sin mucho sentido

Y Borges siempre mete la cola. O su espectro fantasmal aparece de repente. O desde que la red de redes se masificó su presencia se me hace inevitable al pensar la dimensión del tiempo. Tal vez se lo mire de soslayo por pereza o simple acostumbramiento pero de una u otra forma es invitable que el juego del tiempo entre lo real y el devenir se junten mezclándose sin que haya un final a esa rueda que gira y que hace que el tiempo sea elástico e infinito. Tal vez no había inutilidad mayor que la de intentar detener el tiempo hasta que se empezó a intentar contar su paso en el tiempo real y que no es más que la documentación del pasado en el presente sin que el futuro pueda advertirse en ese segundo por venir y que ya cayó, insoslayable, en el pasado. Esta lectura transcurre en el pasado y las próximas palabras son ya parte del ayer aún cuando sus ojos lean la próxima palabra las leerá en un tiempo que ya pasó. Es intil que intente adelantar la lectura sólo logrará fulmuniarla entre el efímero presente y el eterno pasado. El tiempo puede ser una ficción del ser y del propio tiempo que sólo discurre en un no lugar. Tal vez usted sepa que dentro de un segundo estará en el próximo renglón de este texto sin sentido, pero tal vez sea, en realidad, esa la única noción del futuro posible y palpable, aquella que se intuye por un raro devenir predeterminado o tal vez inesperado cuando, en lugar de llegar al último reglón, lo llamen para comer, se tenga que levantar para ir al baño, se le caiga un piano en la cabeza o cualquier otra adyacencia inesperada y que al acontecer, sólo estará trasncurriendo en un tiempo ido en el ahora. El futuro tal vez sea sólo una conjetura o una superstición para seguir aquí, leyendo. O tal vez el presente sea sólo una trampa macrabra y piadosa del lenguaje.